Manadas

A los hombres les gusta hablar de las mujeres. Así no tienen que hablar sobre sí mismos. ¿Cómo se explica que en los últimos treinta años ningún hombre haya producido un texto innovador sobre la masculinidad? Ellos que son tan locuaces y tan competentes cuando se trata de disertar sobre las mujeres, ¿cómo se explica ese silencio con respecto a sí mismos? Porque sabemos que cuanto más hablan, menos dicen. Sobre lo esencial, lo que tienen realmente en la cabeza. ¿Quizá quieren que seamos ahora nosotras las que hablemos de ellos? ¿Querrán, por ejemplo, que digamos qué es lo que pensamos nosotras, desde fuera, de sus violaciones colectivas? Diremos que ellos quieren verse follando entre ellos, mirarse las pollas los unos a los otros, empalmarse juntos, diremos que tienen ganas de metérsela entre ellos por el culo. Diremos que de lo que tienen ganas, realmente, es de follar entre ellos. A los hombres les gustan los hombres. Nos explican todo el rato cuánto les gustan las mujeres, pero todas sabemos que no son más que palabras. Se quieren entre hombres. Se follan unos a otros a través de las mujeres, muchos de ellos piensan en sus amigos mientras la meten en un coño. Se miran a sí mismos en el cine, se dan los mejores papeles, se sienten potentes, fanfarronean, alucinan de ser tan fuertes, tan guapos y de tener tanto valor. Escriben unos para otros, se felicitan mutuamente, se apoyan. Tienen razón. Pero de tanto escucharles quejarse de que las mujeres no follan bastante, de que no les gusta tanto el sexo como haría falta, de que no entienden nada, acabamos preguntándonos: ¿a qué esperan para darse por el culo los unos a los otros? Venga. Si eso os puede devolver la sonrisa, entonces es que está bien, Pero entre las cosas que les han inculcado bien está el miedo de ser marica, la obligación de que les gusten las mujeres. Así que se comportan. Refunfuñan, pero obedecen. Y de paso, furiosos por tener que someterse, le dan un par de hostias a una o dos chicas.

What a mouth really says.

It really does seem to be a fact, I told myself, as my eyes wandered from lower lip to lower lip across the room, that all the less attractive traits of the human animal, arrogance, rapacity, gluttony, lasciviousness, and the rest of them, are clearly signalled in that little carapace of scarlet skin. But you have to know the code. The protuberant or bulging lower lip is supposed to signify sensuality. But this is only half true in men and wholly untrue in women. In women, it is the thin line you should look for, the narrow blade with the sharply delineated bottom edge. And in the nymphomaniac there is a tiny just visible crest of skin at the top centre of the lower lip.

Samantha, my hostess, had that.

Fake Love

Fake love is a very powerful thing. That girl who adored John Cusack once had the opportunity to spend a weekend with me in New York at the Waldorf-Astoria, but she elected to fly to Portland instead to see the first U.S. appearance by Coldplay, a British pop group whose success derives from their ability to write melodramatic alt-rock songs about fake love. It does not matter that Coldplay is absolutely the shittiest fucking band I've ever heard in my entire fucking life, or that they sound like a mediocre photocopy of Travis (who sound like a mediocre photocopy of Radiohead), or that their greatest fucking artistic achievement is a video where their blandly attractive frontman walks on a beach on a cloudy fucking afternoon. None of that matters. What matters is that Coldplay manufactures fake love as frenetically as the Ford fucking Motor Company manufactures Mustangs, and that's all this woman heard. "For you I bleed myself dry," sang their blockhead vocalist, brilliantly informing us that stars in the sky are, in fact, yellow. How am I going to compete with that shit? That sleepy-eyed bozo isn't even making sense. He's just pouring fabricated emotions over four gloomy guitar chords, and it ends up sounding like love. And what does that mean? It means she flies to fucking Portland to hear two hours of amateurish U.K. hyper-slop, and I sleep alone in a $270 hotel in Manhattan, and I hope Coldplay gets fucking dropped by fucking EMI and ends up like the Stone fucking Roses, who were actually a better fucking band, all things considered.

Chuck Klosterman