Joe Save the Queen.

Blas continúa sin oírle y opta por sonreír. Ésa es siempre una respuesta inteligente. Llama a Carmen, que está canturreando en la cocina, y le pide que les traiga otra vez la botella de anís. Juan rechaza la invitación y Blas, que debe de ser un poco brujo, adivina que su joven huésped está pensando en venenos. Se queda un momento en silencio y luego le explica que las hormigas, aparte de tener las mandíbulas muy afiladas, están equipadas con venenos mortales.

Dice también que los hormigueros están siempre en estado de guerra, sobre todo cuando la comida escasea, que las hormigas lo dan todo por la patria y que sólo las reinas están en condiciones de quedar preñadas.

Es la primera vez en su vida que Juan oye decir que las hormigas tienen también una patria y, sobre todo, que pueden quedar preñadas, como si fuesen yeguas. Lo más importante, de todos modos, es que ha entendido lo que Blas ha querido decirle: las reinas son las únicas hembras en todo el hormiguero que pueden asegurar la continuidad de la especie.

-Son también las únicas que tienen alas -añade el viejo.

Se trata de una información muy valiosa que algún día puede serle de utilidad, pero Juan se disculpa con una sonrisa y vuelve a pasarse la mano por la frente, como limpiándose el sudor, para dar a entender al viejo que lo único que le interesa es meterse debajo de la ducha.

Cuando vuelve a su habitación, sin embargo, continúa pensando todavía en las mandíbulas de las hormigas.

Hay algo seguro -piensa, mientras el agua cae con fuerza por el pecho y por la espalda hacia las piernas-. Esas reinas no podrían reproducirse si no fuese por los proletarios que las fecundan.